El de «amenazas» habla amigablemente con el de «más formació = más seguridad». En el aire, sus pancartas montadas en un palo de madera chocan, pero es sin querer. El primero es un vecino del Raval, el segundo un bombero de Barcelona. No quieren peleas, sus enemigos son otros, dentro del ayuntamiento, en el primer piso, aunque tampoco les agredirían con los palos. Bueno, un poquito, pero solo por escrito. Delante de una pancarta general de «En el Raval, tot s’hi val», entre cínica y poética, como si fuera cosecha del pregonero Joan Margarit, una veintena de vecinos del barrio recuerdan qué es ese «todo»: «mobbing, corrupción, oenegés vendidos, guardias inútiles, prostitución, ruido nocturno, justicia inoperante, suciedad…»
Les pregunto si queda algo bueno en el Raval. «Sí, nosotros, los vecinos», dicen Julia y Jesús, que como tantos otros aguantan a duras penas el sur de la Rambla, que acaban de cruzar para dejarse ver y oír en la plaza de Sant Jaume en la tarde del pregón. Son las protestas habituales, casi obligadas ya, de cada 23 de septiembre, aunque van a menos. Porque ¿dónde están los chavales de los últimos años, del Eixample, pidiendo la absolución de su vecino Jonathan Ivorra, detenido en el 2006 en otra mani? ¿Ya está perdonado por el juez?
Ahora, además de los 20 del Raval hay 30 bomberos pidiendo a la concejala Assumpta Escarp que les haga caso y unos cuantos sindicalistas de CCOO y UGT repartiendo por la plaza la convocatoria de la huelga del 29-S. En el reverso de la papeleta hay un poema, La llibertat, de Margarit: «La llibertat es quan comença l’alba / en un dia de vaga general». Cuando el propio pregonero lo recita en el Saló de Cent, cuyas imágenes y voces se repiten en una pantalla gigante en la plaza, retumban los aplausos más ruidosos de la tarde entre las históricas paredes de la antigua plaza de la Constitución.
Los turistas, escupidos sin cesar por la ligera bajada de la calle del Bisbe, se lo miran con extrañeza. Preguntan qué manifestación es, y si bombers tienen algo que ver con explosivos, y de dónde saldrán «los muñecos gigantes», y qué bocadillo es mejor, el de Pans & Company, donde pone en la ventana, en tres idiomas, que ahí tienen los mejores de la ciudad, o el de Conesa.
Otro turista, de unos macizos 190 centímetros, lleva una camiseta que promociona el triatlón en inglés: «La vida es sencilla: nadar, ir en bici, correr, comer y dormir». Mentira, dirían vecinos del Raval, bomberos y sindicalistas. Y los veteranos manifestantes que desde hace 28 años mantienen cada jueves en la plaza de Sant Jaume media hora de silencio por la paz. Ojalá la vida fuera tan sencilla.
September 28, 2010
Poemas de la huelga y guardias inútiles
Una plaza sin nombre, pero la llaman Cerdà
Él diseñó una cuadrícula, pero su plaza es un círculo perfecto. Él pensaba en rectángulos y octágonos, pero para recordarlo pusieron su nombre a lo que primero fue un caótico escaléxtric y después una rotonda. Él visionaba una ciudad de quietud, de paz y peatones, pero su plaza es territorio ruidoso de motores. Él soñaba en verde, con más jardines que edificios, pero la preciosa pradera que yace en el centro de su plaza solo es alcanzable para las palomas, siempre que vayan a ella volando. Él se las ingeniaba para sacar el agua caída del cielo de las calles y llevarla por amplios conductos soterrados, pero su plaza se inundaba siempre, durante tres largas décadas, cuando caían unas gotas de más. Él, por último, fue el artífice de la expansión de Barcelona con cientos de manzanas, pero su plaza la colocaron en los confines meridionales de la ciudad, con la manzana del Eixample más cercana (Gran Via, Llançà, Diputació, Tarragona) a 1.700 metros.
Una plaza que, en realidad, no tiene ni nombre. En ningún rincón, en ninguna pared, en ningún edificio de la plaza hay indicación alguna de que el transeúnte se encuentre en la plaza de Ildefons Cerdà. Es solo en los mapas, y en alguna señal de tráfico lejana, donde pone «plaza Cerdà». En el nomenclátor oficial del ayuntamiento lo rematan en una miserable línea: «Ildefons Cerdà i Sunyer (Centelles, Osona 1815 – Santander 1876). Ingeniero, urbanista y político». Nada más. Ni mención al Eixample. Menospreciado, el urbanista visionario, como ya lo fue en su vida.
Vale, la culpa de mandar a Cerdà casi a la Zona Franca fue del alcalde Porcioles, pero al menos fue el primero en acordarse del ingeniero y dedicarle en 1959, con ocasión del centenario del Plan Cerdà, un hueco en la ciudad. Incluso le pusieron un monumento, algo que no se les ha ocurrido hacer ahora, en todo un Año Cerdà. Aquel, por cierto, duró pocos años. «No gustó demasiado, era muy abstracto y se cuidaron de hacerlo desaparecer rápidamente», recuerda su autor, Antoni Riera Clavillé. El arquitecto, ahora octogenario, no olvidará nunca el comentario del general Jorge Vigón, ministro de Obras Públicas del régimen franquista, cuando regresó a Madrid: «Me hicieron inaugurar en Barcelona una mamarrachada».
Riera Clavillé nunca más ha vuelto a ver su obra, de hierro y hormigón, que quedó destrozada y en el olvido. Permanece solo la plaza Cerdà, un mero lugar de paso de miles de coches, aunque algo más amable que antes de su última reforma, en 1998. Hay más actividad y peatones en su entorno desde que la Ciutat de la Justícia abrió ahí sus puertas, aunque, por otro lado, una de las tres torres Cerdà, la de Nissan, está totalmente vacía. Segurcaixa lo acaba de comprar por 18 millones de euros; en 1998, BSC las vendió por menos de la mitad. Hay oficinas en alquiler en todas las torres que rodean la plaza. Ninguna de ellas tiene como dirección oficial la plaza Cerdà. No existe. Nunca existió.
November 22, 2009
Autumn
Street Consell de Cent, Eixample, Barcelona; 15.58
The stripped and shapely
Maple grieves
The ghosts of her
Departed leaves.
The ground is hard,
As hard as stone.
The year is old,
The birds are flown.
And yet the world,
In its distress,
Displays a certain
Loveliness—
(John Updike, A child’s calendar, November)
November 20, 2009
Netherlands
Train from Rotterdam to Schiphol airport; 16:23
I was born in the valley of bricks
Where the river runs high above the rooftops
I was waiting for the cars coming home late at night
From the Dutch mountains
I was standing in the valley of rock
Up to my belly in an early fog
I was looking for the road to a green painted house
In the Dutch mountains
In the Dutch mountains
Mountains
I met a woman in the valley of stone
She was painting roses on the walls of her home
And the moon is a coin with the head of the queen
Of the Dutch mountains
Mountains
I lost a button of my shirt today
It fell on the ground
And it was rolling away
Like a trail leading me back
To the Dutch mountains
To the Dutch mountains
Mountains
I met a miller on the back of a cow
He was looking for the wind but he didn’t know how
I said: Follow the cloud that looks like a sheep
In the Dutch mountains
In the Dutch mountains
In the Dutch mountains
Mountains
Mountains
Buildings
(In the Dutch mountains, The Nits)
November 19, 2009
Bath
Ambassade Hotel, Amsterdam, 17:07
If you’ve seen a mount of sea foam,
It is my verse you have seen:
My verse a mountain has been
And a feathered fan become.
My verse is like a dagger
At whose hilt a flower grows:
My verse is a fount which flows
With a sparkling coral water.
My verse is a gentle green
And also a flaming red:
My verse is a deer wounded
Seeking forest cover unseen.
My verse is brief and sincere,
And to the brave will appeal:
With all the strength of the steel
With which the sword will appear.
(If you’ve seen a mount of sea foam,
José Marti, Versos Sencillos, Poema V)
Si ves un monte de espumas,
Es mi verso lo que ves:
Mi verso es un monte, y es
Un abanico de plumas.
Mi verso es como un puñal
Que por el puño echa flor:
Mi verso es un surtidor
Que da un agua de coral.
Mi verso es de un verde claro
Y de un carmín encendido:
Mi verso es un ciervo herido
Que busca en el monte amparo.
Mi verso al valiente agrada:
Mi verso, breve y sincero,
Es del vigor del acero
Con que se funde la espada.
(Si ves un monte de espumas,
José Marti, Versos Sencillos, Poema V)
November 3, 2009
Cigarettes
Street, Terramar, Sitges, 9:18

There are many that I miss
having sent my last one out a car window
sparking along the road one night, years ago.
The heralded one, of course:
after sex, the two glowing tips
now the lights of a single ship;
at the end of a long dinner
with more wine to come
and a smoke ring coasting into the chandelier;
or on a white beach,
holding one with fingers still wet from a swim.
How bittersweet these punctuations
of flame and gesture;
but the best were on those mornings
when I would have a little something going
in the typewriter,
the sun bright in the windows,
maybe some Berlioz on in the background.
I would go into the kitchen for coffee
and on the way back to the page,
curled in its roller,
I would light one up and feel
its dry rush mix with the dark taste of coffee.
Then I would be my own locomotive,
trailing behind me as I returned to work
little puffs of smoke,
indicators of progress,
signs of industry and thought,
the signal that told the nineteenth century
it was moving forward.
That was the best cigarette,
when I would steam into the study
full of vaporous hope
and stand there,
the big headlamp of my face
pointed down at all the words in parallel lines.
(Billy Collins, The best cigarette)
November 2, 2009
Shop
Shop, Sant Pere de Ribes; 11:48

Cher frère blanc,
Quand je suis né,
j’étais noir,
Quand j’ai grandi,
j’étais noir,
Quand je suis au soleil,
je suis noir,
Quand je suis malade,
je suis noir,
Quand je mourrai,
je serai noir.
Tandis que toi,
homme blanc,
Quand tu es né,
tu étais rose,
Quand tu as grandi,
tu étais blanc,
Quand tu vas au soleil,
tu es rouge,
Quand tu as froid,
tu es bleu,
Quand tu as peur,
tu es vert,
Quand tu es malade,
tu es jaune,
Quand tu mourras,
tu seras gris.
Alors, de nous deux,
Qui est l’homme de couleur ?
(Poème à mon frère blanc, Léopold Sedar Senghor)
Midnighttrain
Train from Barcelona Sants to Sitges; 00:21

L.A. proved too much for the man,
So he’s leavin’ the life he’s come to know,
He said he’s goin’ back to find
Ooh, what’s left of his world,
The world he left behind
Not so long ago.
He’s leaving,
On that midnight train to Georgia,
And he’s goin’ back
To a simpler place and time.
And I’ll be with him
On that midnight train to Georgia,
I’d rather live in his world
Than live without him in mine.
He kept dreamin’
That someday he’d be a star.
But he sure found out the hard way
That dreams don’t always come true.
So he pawned all his hopes
and he even sold his old car
Bought a one way ticket
To the life he once knew,
Oh yes he did,
He said he would
Be leavin
On that midnight train to Georgia,
And he’s goin’ back
To a simpler place and time.
And I’ll be with him
On that midnight train to Georgia,
I’d rather live in his world
Than live without him in mine.
Go, gonna board, gonna board,
Gonna board the midnight train.
Gotta go, gonna board
Gonna board
Gonna board the midnight train
(Midnight train to Georgia, Gladys Knight and The Pips)





